viernes, 6 de mayo de 2016

MAS DEPORTIVIDAD, MAS COMPAÑERISMO Y MENOS EGOISMO
 
El futbol base mundialmente, lo forman millones de niños. Millones de niños sobre los que trabajan millones de técnicos responsables. Técnicos que como en mi caso, somos ejemplo a seguir para muchos niños y que a veces olvidan que es futbol. Un deporte que los niños vienen a realizar y a pasárselo bien más allá del resultado, el cual debería de quedar en un segundo plano.

Todos los fines de semana, en millones de canchas, polideportivos y campos de futbol, se realizan millones partidos de todas las categorías y edades. Millones de niños se levantan con la ilusión de jugar su partido de futbol, el de ellos, el que habían soñado durante toda la noche. No podía faltar nada, botas preparadas, medias a medida, espinilleras bien fijadas, todos los pelos peinados. Todo listo para disfrutar de su momento, el cual ya había llegado. Todo listo menos un pequeño detalle, realmente gran detalle, con nombre y apellidos. En algunos casos se llama papa y en otros se llama entrenador. Personajes que forman parte de este mundo y que tanto en los casos de los padres que consideran un momento de disfrute de su hijo como una oportunidad para ganar y solo piensan en que su hijo pueda ser un enorme jugador, se olvida de lo que realmente le ha llevado hasta ahí, la felicidad y el sueño de su propio hijo. Y en otros casos aparece el entrenador que solo piensa en ganar, ganar y ganar y se olvida de la función que realmente ejecuta que es la educador-formador. Esa función tan importante para los niños, que en muchísimos casos se nos olvida, y lo que iba a ser un momento de disfrute para el niño, acaba siendo la peor pesadilla que se podía imaginar. Y lo peor de todo es que de esa pesadilla no se iban a despertar porque ya lo estaban.

En conclusión, desde mi punto de vista, el cual la viví como jugador y ahora como entrenador. En muchas ocasiones sobrepasamos limites que lo único que hacen es perjudicar al propio niño y nos olvidamos de formarlos como jugadores, por encima del resultado y también como personas. De transmitirles unos valores tan importantes en el deporte como en la vida, los cuales muchas veces nosotros mismos no los llevamos a cabo y ellos son los primeros que nos ven y nos toman como ejemplo. Así que más deportividad, más compañerismo y menos egoísmo.